Os contaré un cuento:

Había una vez un hombre que vivía con su hijo en una casita del campo. Se dedicaba a trabajar la tierra y tenía un caballo para la labranza y para cargar los productos de la cosecha, era su bien más preciado. Un día el caballo se escapó saltando por encima de las bardas que hacían de cuadra.

El vecino que se percató de este hecho corrió a la casa del hombre para avisarle:

-Tu caballo se escapó, ¿que harás ahora para trabajar el campo sin él? Se te avecina un invierno muy duro, ¡qué mala suerte has tenido!

El hombre lo miró y le dijo:

-Buena suerte, mala suerte, ¿quien sabe?

Pasó algún tiempo y el caballo volvió a su redil con diez caballos salvajes más. El vecino al observar esto, otra vez llamó al hombre y le dijo:

-No solo recuperaste tu caballo, sino que ahora tienes diez caballos más, podrás vender y criar, ¡qué buena suerte has tenido! El hombre lo miró y le dijo: -Buena suerte, mala suerte, ¿quien sabe?

Unos días más tarde el hijo montaba uno de los caballos salvajes para domarlo y calló al suelo partiéndose una pierna. Otra vez el vecino fue a decirle:

-¡Qué mala suerte has tenido!, tras el accidente tu hijo no podrá ayudarte, tu eres ya viejo y sin su ayuda tendrás muchos problemas para realizar todos los trabajos.

El hombre, otra vez lo miró y dijo:

-Buena suerte, mala suerte, ¿quien sabe?

Pasó el tiempo y estalló la guerra con el país vecino de manera que el ejército empezó a reclutar jóvenes para llevarlos al campo de batalla. Al hijo del vecino se lo llevaron por estar sano y al accidentado se le declaró no apto.

Nuevamente el vecino corrió diciendo:

-Se llevaron a mi hijo por estar sano y al tuyo lo rechazaron por su pierna rota. ¡Qué buena suerte has tenido!

Otra vez el hombre lo miró diciendo:

-Buena suerte, mala suerte, ¿quien sabe?

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Leyendo  El mito de la diosa fortuna de Jorge Bucay (Barcelona, RBA, 2006) encuentro algunos conceptos interesantes, que quiero compartir con vosotros. Ante la pregunta ¿Existe la suerte? encontramos tres posturas bien diferenciadas:

  1. La suerte no existe, postura de los cientificistas que afirman que todo tiene una causa, una razón de ser.
  2. La suerte existe y no depende ni de nuestros deseos ni de nuestras acciones, esta postura está emparentada con supersticiones o antiguas costumbres de origen incierto cuyo objetivo es explicar por qué ocurren las cosas.
  3. La suerte existe y nos afecta pero se puede incidir sobre ella.

Personalmente, me inclino por la tercera, creo firmemente en que cada uno es,  en gran medida, artífice de su propio destino. Bucay señala  que para calcular si habrá suerte, suponiendo que se pudiera, deberíamos sumar nuestra Fortuna, más el Destino, más el Azar.

Nuestra fortuna estaría constituida por todos los recursos con los que contamos, tanto internos como externos. El destino sería aquello que está predeterminado. Y el azar sería esa cuota de lo impredecible que siempre existe y que, como él señala más adelante, forma parte del atractivo de la vida; el hecho de no saber a ciencia cierta el resultado de nuestras acciones evita que nos aburramos.

Pero aún falta añadir lo adecuado y efectivo (o no) de nuestra acción más comprometida. Nuestras acciones están necesariamente relacionadas con nuestras decisiones y en estas influye lo que podríamos llamar nuestro talento.

“Soy, si no el único causante, al menos un cómplice necesario de todo lo que me ocurre”

Y tú, amig@ lector, ¿qué opinas al respecto?

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