Muy a menudo nos tendemos trampas a nosotros mismos con el lenguaje, y no nos damos cuenta (en general) pero de tanto usar las palabras, traerlas y llevarlas terminamos por no darnos cuenta de que en cierto modo nos convertimos en prisioneros del lenguaje.

A veces la trampa es deliberada y perfectamente urdida por alguien interesado, otras, las más, es una pendiente suave en la que participamos un poco todos sin darnos cuenta.

Una de estas trampas de las que no somos conscientes es la relativa al trabajo y al empleo. La mayoría las empleamos indistintamente y no solo éstas sino que hablamos de trabajadores y de empresarios, y según quién y cuándo pedimos u ofrecemos trabajo o empleo.

Y creo que es un error confundirlas porque no, no es lo mismo. Si nos vamos al diccionario podemos obtener alguna luz (no mucha) porque se define el empleo como “Acción de emplear” y luego “ocupación u oficio.  Sin embargo para trabajo da un montón de acepciones, entre ellas “ocupación retribuida” y otras menos claras (y que se prestan a la broma fácil: “Obra, resultado de la actividad humana”, en esta acepción estaría la contaminación, la basura, entre otras … No claramente esta última no nos vale.

En el campo de la física sin embargo sí que está muy claro: “En mecánica clásica, el trabajo que realiza una fuerza sobre un cuerpo equivale a la energía necesaria para desplazar este cuerpo.”, es decir, lo que más de uno recordará del instituto Fuerza x desplazamiento.

Así  que si no hay desplazamiento no hay trabajo, aunque se haga toda la fuerza que se  quiera. De forma que para que haya trabajo la fuerza tiene que producir algún resultado (aparte del sudor) , algún  «desplazamiento» útil.

Y he aquí la trampa: trabajo es “lo que se hace”, o si se prefiere “lo que es necesario hacer”, independientemente de que esté retribuido o no, se haga bien o mal, etc. Y el empleo no es “lo que se hace” sino lo que alguien tiene (o tendría que hacer) independientemente de que lo haga o no o de cómo lo haga.

Hablamos del mercado de trabajo, cuando deberíamos hablar del mercado de empleo. De trabajo nunca hay escasez … lo que falta es empleo, es decir que alguien le pague a otros por desarrollar la tarea que sea, no que no haya tarea por hacer.

Y claro, lo que la mayoría de la gente quiere en realidad no es trabajo, lo que quiere es empleo que no es exactamente lo mismo. De hecho, lo que muchos quieren es empleo … sin trabajo o con el menor posible.

O incluso empleo, independientemente que lleve asociado un trabajo o no (me refiero a una tarea concreta y necesaria que deba ser realizada), no a que se contrate y se le pague a alguien.

Cuando hablamos de trabajadores en general nos solemos referir a los trabajadores por cuenta ajena, independientemente de que sean mucho o poco laboriosos o diligentes. Pero, ¿y los que no son trabajadores? ¿qué son? … ¿vagos? ¿Acaso los empleados no pueden ser vagos?, y los que no son “empleados” ¿no pueden ser trabajadores? ¿Se ve la trampa?

Y hablamos de Ministerio de Trabajo, cuando en realidad se debería llamar Ministerio de Empleo, o de demanda de trabajo, cuando se debería decir de empleo. Curiosamente las oficinas donde se tramitan los contratos se llaman “Oficinas de Empleo” no de “trabajo” (esto también se puede prestar a broma fácil).

En fin, que no, que no es lo mismo. Que como decía el título de la película aquella ¿Por qué los hombres cuando dicen amor cuando quieren decir sexo?, ¿Por qué hablan de trabajo cuando lo que quieren decir es empleo?

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