carrera

Últimamente he tenido la ocasión de compartir conversaciones con varias decenas de empresas gracias a la actividad de Sapiens&Co. y, en cada una de ellas, me ha tocado explicar cuál es el principal valor añadido que debe darte un directivo, ya sea interno o externo (consultor). En esos debates, algunos de ellos rozando lo filosófico, me ha quedado claro que si algo debe aportar hoy en día alguien que se dedique a la estrategia, la táctica y la operativa empresarial es velocidad.

Ya lo comentaba hace unas semanas en un post, donde desgranaba lo que debe aportar un consultor y lo leía también hace no demasiado en el blog de Sheila Escot (muy recomendable, por cierto), la velocidad es la principal cualidad de una empresa altamente competitiva de esta Nueva Economía y los motivos y consecuencias son claros…

La manera de hacer negocios ha cambiado

Queramos o no queramos, las cosas nunca jamás volverán a ser como fueron. Hay grandes tendencias, como el boom de lo low-cost o la personalización, que están aquí para quedarse. Hay nuevos modelos de negocio que funcionan mejor que los tradicionales, centrados en la fidelización, como los modelos por suscripción; en la libertad, como los modelos de pago por uso tan de moda en tecnología; o en compartir, con iniciativas como el car sharing o el crowdfunding. Esto no es una moda, son nuevas reglas para una Nueva Economía. Son las nuevas formas de hacer negocios que, no ahora sino hace ya 5 o 6 años, han hecho boom en una economía anclada en el pasado, en la reconstrucción tras la II Guerra Mundial y en teorías económicas de gente que lleva decenas de años criando malvas.

Lo antiguo, no es que no valga, es que ha evolucionado. Vivimos en una sociedad que se ha criado escribiendo a máquina en una Olivetti (por cierto, conviene visitar su web como muestra de este cambio… Descubrirás si siguen haciendo máquinas de escribir o no…) y que ahora maneja iPhones, iPads, iPods… Un nuevo cliente que hace la compra por internet, que usa comparadores para contratar el seguro de su coche, que odia que le interrumpan con publicidad y que gasta más dinero en ocio y viajes que en cualquier otra cosa (gracias a Dios, cada vez hay menos gente atada a una hipoteca). Llamémoslo saavy shopper, SoLoMo, generación X, Y, Z o como queramos pero lo que está claro es que, en la sociedad de la abundancia y la accesibilidad, pese a la crisis o gracias a la crisis, la gente compra diferente y tu negocio, tiene que cambiar. ¡Ya! ¡Rápido!

El ensayo y el error funciona

Me encanta esa frase de Edison: «Ahora ya sé 1000 maneras de no hacer una bombilla». El éxito es para los perseverantes. Eso sí que es algo que no ha cambiado. Hoy en día toca probar, toca dejar atrás esos proyectos faraónicos que todos nos proponíamos en tiempos de bonanza y toca bajar a la realidad. La ilusión, el atrevimiento y pensar en grande está bien pero es mucho más inteligente combinarlo con unos riesgos medidos y una estrategia basada en el ensayo y el error, en probar en pequeño y en someterse al mercado para poder ir ajustando tu producto, tu servicio y tu negocio a lo que realmente quieren tus clientes.

En este sentido, se ha demostrado que el mejor método es el desarrollo de un «producto mínimo viable» y su lanzamiento en modo prueba al mercado, al más puro estilo desarrollo tecnológico pero te dediques a lo que te dediques. Es lo que ahora llaman «Método Lean Start Up». Ensayo y error. Equivocarse, equivocarse otra vez pero equivocarse mejor, como decía Samuel Beckett. Aprender, coger experiencia y, sobre todo, asumir el fracaso como una estrategia para encontrar la mejor manera de hacer las cosas, como una demostración viva de que estás saliendo de tu zona de confort e intentando superar tus límites permanentemente.

La innovación tiene fecha de caducidad

Lo más gracioso de todo esto es que el cambio de paradigmas del que hablamos, ese que hace que lo primero que tengas que adquirir sea agilidad, velocidad, flexibilidad; es también dinámico, es decir, no consiste en cambiar una vez y listo, consiste en estar cambiando permanentemente, consiste en probar cosas nuevas sin parar, en hacer cosas diferentes y valiosas para tus clientes y tus potenciales más rápido que tu competencia. Consiste en cambiar, encontrar ese gap de valor que eres capaz de cubrir antes que nadie (recordemos la primera ley del padre del Marketing, ahora más vigente que nunca) y, sobre todo, consiste en estar dispuesto a cambiar rápidamente después. Si eres bueno, te van a copiar… ¡Y bendita sea! Eso es lo que te pone las pilas, por eso es por lo que necesitas ponerle el turbo a tu negocio. Quieras o no, la innovación (creatividad que crea valor para un cliente que está dispuesto a pagar por eso) tiene fecha de caducidad.

¡Abre los ojos! Las cosas van más rápido de lo que piensas. Ni eres tan bueno ni eso es tan importante. Lo importante está en hacer las cosas, no en pensarlas. Lo importante está en llegar al mercado con algo realmente valioso para el cliente, con algo por lo que tú y todos los que te rodean quieren pagar (y no porque te tengan aprecio). Lo importante es estar trabajando en tu siguiente lanzamiento cuando la competencia empieza a copiarte lo que ha funcionado.

Y tú, ¿estás copiando o innovando? ¿Le has metido ya el turbo a tu negocio?

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