abismo

Estos días he estado reflexionando, junto a buenos amigos, sobre el boom de mensajes ultra positivos (muchas veces exagerados) en las redes sociales, e incluso en algunos medios de comunicación, y hemos llegado a algunas conclusiones que me parece interesante compartir hoy con todos vosotros:

¿Cómo nos mostramos al mundo?

Cuidado con pasarnos, con parecer que vivimos «en los mundos de Yupi», cuidado con mostrar al mundo sólo nuestra faceta fuerte, poderosa, valiente, porque entonces corremos el riesgo de parecer superficiales.

Hay días en los que realmente estamos «arriba» y sentimos que nada ni nadie podrá detenernos ni impedir que consigamos aquello que nos proponemos, pero también hay días en los que nos sentimos un poco más desanimados, con menos energías, días en los que nos damos cuenta que hay cosas que nos cuestan (y mucho) y que somos imperfectos.

No se trata de ir desparramando miserias por ahí, (para eso ya están los telediarios), pero sí de mostrarnos humanos, personas con nuestras fortalezas y nuestras debilidades.

¿Y esto no perjudicará mi imagen profesional?

Todo lo contrario. Nosotros, por ejemplo, nos dedicamos a ayudar a las personas y empresas a resolver sus problemas y alcanzar sus objetivos, trabajamos con gente que se enfrenta a grandes obstáculos en su día a día, y para ellos, saber que nosotros mismos también nos enfrentamos a situaciones de dificultad personal y profesional, y ver cómo las gestionamos, es, en muchos casos, lo que les permite empatizar con nosotros, y confiar en nuestras capacidades para ayudarle.

La humildad es un valor muy preciado por la gran mayoría de nuestros clientes (y de las personas en general).

Etimológicamente, la palabra humildad proviene del término humus, que significa tierra. Ser humildes nos hace mantener los pies, en la tierra. De este modo, tanto en lo personal como en lo profesional, obtendremos una de las herramientas imprescindibles para alcanzar nuestros objetivos, la coherencia. Y cuando somos coherentes, somos conscientes de la realidad, no perdemos el tiempo vanagloriándonos de nuestra espectacularidad, sino que nos mostramos mucho más reales.

No somos Súper Héroes, somos personas

El ánimo positivo, las palabras de aliento, la motivación y la fuerza para tirar hacia adelante están muy bien, y son vitales para atravesar estos tiempos, pero no nos pasemos, somo humanos, y no aprenderemos a volar…

Es cierto que poner el foco en lo que está bien para, a partir de ahí, poder mejorar lo que no lo está tanto, es el camino que proponemos, pero también es cierto que debemos ser capaces de reconocer nuestras limitaciones, nuestros miedos, nuestras incapacidades para poder empezar a afrontarlas y superarlas.

Acción, Acción ¿Acción?

También empiezan a chirriarme los mensajes de Acción, acción, acción!… Y, entiéndaseme, soy una ferviente defensora de la acción, suelo decir (y lo mantengo) que las ideas sin acción no son nada, solo papel mojado.

Sin embargo, creo que tampoco es sana la acción desmedida. Parar, reflexionar, desandar, evaluar la situación, conciliar, es necesario si queremos evitar unos cuantos batacazos.

Seguramente, frente al abismo, a algunos de nosotros nos venga bien aprender a volar, y a otros nos sirva más retroceder y buscar diferentes caminos. Cada caso es único, y para encontrar respuestas debemos tomarnos el tiempo necesario en buscarlas.

Claro que como muchas veces (la mayoría) pasar a la acción significa asumir riesgos y salir de la «zona de confort», podemos caer en la indeseable búsqueda eterna de respuestas y quedarnos en el plano de las ideas.

Por eso, debemos estar atentos para evitar tanto la acción desmesurada como la parálisis por el análisis.

Debemos trabajar para pasar a la acción de una manera consciente y planificada: yo le llamo «Acción Meditada«.

Conclusión

Nuestra imperfección es lo que nos hace humanos y por lo tanto, aceptados y queridos por el resto de la especie.

Al final, como todo en la vida, la clave está en encontrar el equilibrio y en asumir que somos perfectamente imperfectos.

One Reply to “Perfectamente imperfectos”
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