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Cuando la situación requiere que hagamos cambios cualitativos, que tomemos un rumbo radicalmente diferente en cuanto a las prácticas habituales de nuestro negocio, necesitaremos de un equipo de alto rendimiento integrado por gente creativa, que sea capaz de llevar adelante una gestión no convencional.

Evidentemente, para ello es necesario contar con un gran Líder. El liderazgo debe ejercerse de tal manera que permita el rendimiento óptimo de los colaboradores integrantes de dicho equipo. Se requiere un mandato bien definido y orientado hacia la consecución de un cambio significativo.

Un grupo de estas características y su liderazgo tienen principios propios de funcionamiento muy diferentes de los que inspiran a los equipos mediocres.

Al líder le tocará preparar el escenario para la ejecución de las actuaciones individuales dentro del contexto del equipo. Él es el creador absoluto de la idea (aunque ésta pueda desarrollarse y crecer con los aportes del resto de personas del equipo), y él es quien selecciona a los miembros de su Team, por tanto es la pieza inaugural de un complejo puzzle.

Su presencia ha de ser total: física, espiritual, emocional e intelectual. Es el que guía, critica, nutre, rechaza, pone a prueba y educa.

Hay algunas reglas ineludibles que deben cumplirse para alcanzar la excelencia de un equipo:

El líder del equipo aporta la visión, crea cultura y promueve la acción dentro del mismo.

Como ya he comentado, se requiere de un líder fuerte, con una visión clara y ambiciosa que garantice la cohesión del equipo y que al mismo tiempo asegure un lugar para cada uno de los participantes. El papel del líder es central y su presencia debe ser constante. Para eso debe ser capaz de comunicarse de maner asertiva, es decir, de forma abierta, sincera y directamente ligada al asunto en cuestión, pudiendo dar feedback y señalando áreas de mejora, sin llevarlo al plano personal.

El líder capta, desarrolla y retiene a los mejores talentos.

Lógicamente importa encontrar a los profesionales de mayor talento, crear un ambiente de equipo donde ese talento es valorado y dejar que libere todo su potencial. Sin embargo, igual de importante es que esas personas tengan «espíritu feliz», que trabajen con alegría y multipliquen ese entusiasmo por hacer las cosas a lo grande, y enfrentar nuevos desafíos.

El líder repartirá sus esfuerzos por igual entre el cliente y el equipo para lograr un resultado óptimo.

Un equipo de alto rendimiento, dirige su mirada y sus acciones de forma multidireccional, atendiendo tanto al cliente interno como al externo, y sabiendo que todos son parte importante del proceso de cambio y desarrollo, y por ende, de los resultados de éxito.

El líder entiende al equipo como un todo compuesto por individualidades.

Hay que evitar que uno o varios grandes talentos en el seno de un equipo se inhiban para que los demás queden satisfechos. La idea es compensar, compartir, colaborar y sumar.

El líder dee ser capaz de crear un contexto liberador para cada “yo” individual, no sacrificarlo en aras de un falso consenso o armonía.

La cultura empresarial debe fomentar el desarrollo del talento y el movimiento interno.

Hay que perder el miedo de mover a la gente de un departamento a otro, de cambiar de puesto o de «rango». El estancamiento sólo lleva a la inercia, y ésta a la muerte… Así que si queremos desarrollar talentos, es necesario que nos movamos, que nos nutramos del saber hacer de otros y aportemos nuestros propios saberes.

Esto se consigue posibilitando la movilidad interna, presentando nuevos retos, ofreciendo nuevas oportunidades. Los grandes talentos pasarán a formar parte de los grandes nuevos proyectos y con los grandes líderes, lo que constituye, a su vez, significativas oportunidades de crecimiento y progreso.

El líder es un poderoso catalizador del cambio.

El líder es verdaderamente un líder cuando su trabajo responde con éxito al desarrollo y cumplimiento de dos tareas básicas:

  • Saber cómo, dónde y cuándo adquirir talento e ideas.
  • Ser capaz de conjugarlos en el seno de la empresa.

Conjugar ideas y talentos implica crear un ambiente en el equipo donde predominan el diálogo, la discusión y el debate intensivos y donde cuenta más el “flujo” de las ideas que la “reserva” de conocimientos.

En un equipo de alto rendimiento, la conversación y el diálogo adquieren una importancia singular porque ponen en funcionamiento la dinámica de ideas capaz de producir el gran cambio deseado.

Esta dinámica requiere que la presencia y la participación del líder sean constantes y que exista una proximidad física y emocional suficientes.

¿Y tu equipo es virtuoso? Ya sabes que si necesitas ayuda, puedes contar con nosotros para desarrollar tus talentos y los de tu equipo.

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