Decía Steve Jobs que si te levantas durante varios días seguidos y te das cuenta de que lo que haces no es lo que quieres, has de cambiar. Lo cierto es que hay semanas en la vida de los emprendedores y empresarios en las que uno se descarga la agenda para pensar, para charlar con alguna gente y para analizar en soledad cómo van las cosas, si se están cumpliendo los planes y si realmente se está contento con los logros alcanzados. Estas semanas son las que yo llamo «Semanas Let’s do it!«, las que bien gestionadas van a catapultar tu negocio, producir cambios relevantes en la marcha de tu empresa y hacerte tomar decisiones ejecutivas trascendentales.

Don’t give up! (no tires la toalla)

Es muy recomendable que, en esos momentos en los que uno se replantea todo y se está en un estado de ánimo que es una mezcla de impotencia, cansancio y ciertas dosis de insatisfacción, pienses fríamente que agobiarse no vale para nada más que para anular tus capacidades profesionales.

Seguramente tras tu análisis, estarás pensando en alternativas, te rondarán ideas por la cabeza y lo primero que has de hacer es ordenarlas, dejarlas reposar y tomar algo de distancia. Para ello, nada mejor que tomarte una semana para hablar sobre esas ideas con esas personas de tu círculo que son interesantes (porque están o han estado en una situación similar, porque van a darte un punto de vista diferente, porque pueden echarte una mano o por lo que sea) pero a las que el día a día no te deja ver para compartir un café. Te sorprenderá ver cómo al comentar esas ideas que rondan tu cabeza, la gente con sus opiniones van ordenándolas, empiezas a ver la luz y parece que todo se alinea para que tomes una decisión concreta. Si esto pasa, tienes encima de la mesa tu próximo cambio.

No risk, no glory! (quien no arriesga no gana)

Todos los que montamos una empresa tenemos una gran ambición, ilusión y ganas. Es la energía y la pasión que no te deja dormir cuando se te presenta un cambio trascendente por delante. Ahora bien, también se tiene miedo, tomar decisiones es siempre difícil, a nadie le gusta equivocarse o tirar el dinero y, es ahí donde está la diferencia entre un buen y un mal ejecutivo. Si no eres ejecutivo, si te quedas en la parálisis por el análisis y el miedo, si no eres capaz de medir riesgos, asumirlos y tomar una decisión, directamente, esto no es lo tuyo.

Si quieres resultados diferentes vas a tener que hacer algo distinto y si haces algo distinto vas a tener que correr riesgos y perderle el miedo a equivocarte. En este punto, cuando sabes qué hacer pero estás acongojado, la recomendación es que te preguntes ¿qué otra alternativa mejor tengo? ¿cuánto vale no hacer nada? Llegados a este punto has de decidir, has de ser ejecutivo, has de fiarte de tu intuición y has de hacerlo en un plazo de no más de 4 días (mi experiencia me dice que si prolongas la decisión acabas no haciendo nada o tomando una decisión equivocada).

Let’s do it! (hagámoslo)

Y una vez decidido, ve a por ello, hazlo con todas tus ganas. Rediseña tu agenda, cambia tus prioridades, establece plazos que te hagan ir rápido, no pierdas ese estilo ejecutivo, esa agilidad empresarial. Habla con quien tengas que hablar, da los pasos que tengas que dar y consigue lo que tengas que conseguir. Demúestrate que puedes y persigue tu éxito con más ganas, ilusión y empeño.

Usa la sensación que te proporciona el cambio, las puertas que te abre y la ilusión que te inyecta para poner a tu empresa donde se merece, para superar las metas que todos dijeron que eran inalcanzables. Recuerda, metas grandes, objetivos pequeños. Ve paso a paso, batalla a batalla, ejecutivo pero no impaciente. No será fácil, si lo fuera todos lo harían y tú no serías especial.

Y cuando todo vaya mal, recuerda el consejo del maestro… En los negocios: Stay hungry, stay foolish! (ten «hambre» e inténtalo).

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