Hace poco mi amiga Mariana aprovechó un viaje de trabajo a Sevilla para hacer algo de turismo y conocer un poco la ciudad. Y en ello estaba: barrio de Santa Cruz, Archivo de Indias, Catedral … cuando conoció otra de las “singularidades” sevillanas consistente en las gitanas que por la “voluntad” te leen la buenaventura, quieras o no quieras, para regalarte los oídos y aflojarte la cartera. Sin dejar de recordarte o recomendarte que la “fortuna” se paga en papel y no en monedas (vamos, que de cinco euros en adelante…), eso sí con una ramita de romero cogida de cualquier parque público …
Y mientras leía contarlo a mi amiga, aparte de las chanzas lógicas, me acordé de las agencias de rating, tan conocidas y denostadas en estos días.
Y sí, quieras o no quieras te leen la buenaventura en forma de triple A, doble B. Eso sí, si les pagas en “moneda” posiblemente te califiquen de bono basura … por lo menos. Y no solo eso, sino que te leen el futuro cercano y la perspectiva a medio y largo plazo.
Curiosamente no existe nada parecido a una agencia de calificación de las agencias de calificación, algo así como un “sindicato” de “lectores de la buenaventura” pero mucho más elegantes y distinguidos. Lo desconozco pero estaría por asegurar que no existe algún tipo de homologación o carnet para leer la buenaventura a los turistas (guiris para los locales) en los alrededores de la Catedral de Sevilla. Por lo menos estas gitanas que se ganan la vida tienen un punto de gracia, por lo menos la primera vez. No así las agencias, que gracia, lo que se dice gracia no gastan ni una miaja.
Se podría pensar, de hecho hay muchos que así lo piensan, que son entidades independientes que opinan libremente sobre la calidad de la deuda de empresas y países. Y efectivamente, bien pudiera ser así, pero también podría no serlo, y entonces maldita la gracia que tendría.
Resulta que con las calificaciones que dan las agencias de rating, miles de inversores y fondos de inversión de todo el mundo toman decisiones de inversión o desinversión en deuda pública española, británica, alemana o italiana. Es decir que miles de millones de dólares, euros o libras cambian de lugar y abrigo, en función de lo que estas agencias “libremente” opinan respecto de los países, empresas, o en general emisores de deuda.
Y con esa cantidad ingente de dinero cambiando de lugar en función de las opiniones “independientes” emitidas por tres y solo tres agencias de calificación en todo el mundo, pretenden que creamos que las opiniones son realmente “independientes”, objetivas, y en definitiva totalmente libres y desprovistas de manipulación.
Evidentemente son muy relevantes para los mercados, entre otros motivos porque son las únicas calificaciones públicas disponibles, y porque en su origen eran los propios emisores de deuda los que pagaban (y pagan) por obtener calificación de una, dos o las tres agencias. Y así sigue siendo, pero ¿seguro que no “paga” nadie más?, ¿seguro que no influyen otras cuestiones en las calificaciones de deuda?, ¿ y si el negocio de las agencias no fueran los cobros a los emisores de deuda, sino la de los inversores en deuda, o los dos?, Y si nadie más les paga ¿ellos no se ganan nada?
No digo que así sea, pero sí pregunto ¿qué asegura que no pueda suceder así? o ¿qué es lo que lo impide?  Y mi duda tiene su origen en una cuestión simple: Hay demasiado dinero en juego como para que no haya nadie que no caiga en la tentación.
Al menos las gitanas de los alrededores de la Catedral de Sevilla, tienen un mecanismo claro: si no les pagas o les pagas en calderilla pasan de leerte un futuro feliz lleno de hijos, amores y trabajo, a maldiciones y mal de ojo.
Igual es que soy un mal pensado o un escéptico pero, ¿Seguro que la opinión no depende de la “voluntad”?
Como con las gitanas, lo que se suele hacer, es pagarle lo mínimo que nos piden … y continuar adelante sin pensar demasiado en lo que nos han dicho, pero recordando intentar esquivarlas la próxima vez …

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