No, no me he vuelto loco! Está claro que parte de la solución a la crisis está en fomentar la creación de empresas, a los emprendedores y, potencial, al fin y al cabo, que la gente se construya su propio futuro haciendo algo productivo y por lo que la gente esté dispuesta a pagar.

No obstante, coincidiréis conmigo en que no es menos cierto que, el 70% de las empresas que se lanzan terminan cerrando en un plazo de entre 4 y 5 años y este hecho, sin duda, es algo sintomático y que debemos atajar. La solución a esta crisis, al empleo y a las 7 plagas que llevamos padeciendo en España estos últimos años no está en crear empresas, no solo, sino más bien en consolidar las que se lanzan, en hacer que las empresas de 0 a 5 años de vida se asienten en los mercados y consigan ser verdaderamente competitivas con su propuesta de valor.

Cabría preguntarse, por tanto, ya no cuántas empresas hay que crear para generar un notable crecimiento del empleo sino, ¿por qué mueren las PYMES? En mi opinión hay 3 áreas críticas que, por experiencia (incluso propia y personal), definen la delgada línea entre la vida y la muerte, entre el éxito o el funeral empresarial:

#1 Modelo de negocio y tolerancia al cambio:  Los emprendedores solemos ser cabezotas. Ya seas joven o no tan joven, te consideres emprendedor o empresario y tengas o no experiencia, está más que demostrado que la actitud frente a un nuevo reto empresarial determina en un porcentaje muy alto su éxito. Aquí, el caballo de batalla con el que frecuentemente nos encontramos en Sapiens&Co. es la bajísima tolerancia al cambio que hay, ya sean empresas que empiezan o que se les presume una mayor madurez. La innovación es todavía una asignatura pendiente en nuestras PYMES, se están haciendo muchas y grandes cosas pero, la generalidad es que las empresas necesitan una inyección de ingenio, creatividad y aire fresco que les permita abandonar viejos modelos de negocio en claro declive estructural. Ya no vale el más de lo mismo, ya no vale decir que haces innovación, ya no vale el «esto se ha hecho así toda la vida», es el momento de que las empresas sean protagonistas de los grandes avances (y no necesariamente tecnológicos) y los empresarios rompan con esa cultura, miedos y cariño injustificado a su manera de hacer empresa, a sus miedos al cambio y a su conformismo limitante.

#2 Planificación financiera y foco comercial: Sin clientes no hay empresa, eso está claro. Es lógico que cuando se empieza haya mucho trabajo que hacer, muchas cosas que preparar y una sensación de caos generalizada basada principalmente en una fuerte limitación de los recursos (económicos y humanos), una importante obsesión por tenerlo todo listo antes de «lanzarse» y un considerable desorden de temas, tareas y cosas pendientes que nos llevan a olvidarnos de aquello que tiene que estar antes que todo y que no puede fallar (que es un verdadero «urgente e importante» en nuestra lista de tareas). Me refiero a una mínima planificación financiera acompañada de una persona que controle el gasto y atesore, en la medida de lo posible, los ingresos iniciales; así como de una o varias personas dentro del equipo que estén comprometidas al 100% (y casi en exclusiva, diría yo) con «la venta», con comercializar los productos y servicios con una estrategia definida, medible y en ejecución (esto es importante, el papel lo aguanta todo). Hoy más que nunca (aunque esto ha sido así siempre), toca tener una estrategia, toca salir a vender y toca no perderle el ojo al calendario/cuenta de «ingresos menos gastos».

#3 Gestión del crecimiento: Crecer es, lejos de lo que pueda parecer, una situación más delicada incluso que lanzarse a emprender. Cuando las cosas empiezan a tomar un cierto ritmo, un cierto tamaño y un cierto volumen, es muy fácil caer en el error de pensar que todo va bien y que la empresa lo aguanta todo, es muy fácil bajar la guardia y acomodarse pero, la realidad es otra, lo cierto es que este momento es el verdadero punto de inflexión de la empresa y es fundamental reconocer hasta dónde uno puede llegar, buscar la ayuda y consejo de expertos y profesionales en aquellas áreas de gestión que empiecen a hacerse cuesta arriba (yo que voy a decir pero, Sapiens&Co. es una buena opción) y, en definitiva, rodearse de gente buena, cuidadas y bien gestionada, creando un equipo sólido sin escatimar en talento profesional porque, sin duda y sea cual sea el sector en el que la compañía desarrolle su labor, las empresas siempre las hacen las personas.

Por tanto, en mi opinión y experiencia, la clave para conseguir que tu negocio se consolide es que tengas una estrategia clara, firme y definida; que seas consciente de tus limitaciones, de que no puedes hacerlo todo solo y de que has de buscar la ayuda de expertos, socios y colaboradores; y que, pese a todo, nunca has de perder la ilusión, siempre has de pensar en grande («think big» como dice Donald Trump) y, en todo momento, has de rodearte de gente mejor que tú y disfrutar como un enano con un juguete nuevo con todo tu equipo.

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