Es habitual que mucha gente se pregunte, o no se pregunte sino que directamente postule sobre los orígenes o las causas de la actividad económica. Está claro que los negocios surgen porque existen necesidades, o mejor dicho, personas con necesidades dispuestas a pagar porque sean satisfechas, y porque hay otras personas que ven oportunidades donde la mayoría solo vemos problemas. Y es totalmente cierto. Pero algo más tiene que haber porque siendo cierto en todas las circunstancias, países y culturas, la economía no “fluye” igual en unas partes que en otras ni para todas las personas de la misma manera.

Yo creo firmemente (y no es idea propia) que en la base de la economía además de las necesidades y las ofertas, están la confianza y las expectativas que no son más que expresiones de nuestra «creencia». Es más, sin éstas la economía funciona a duras penas y de forma precaria.

Y qué quiere decir esto, pues muchas cosas a la vez creo. Los que asumen riesgos lo hacen porque “esperan” que las cosas funcionen mejor o al menos que les vaya bien. Y del mismo modo los que toma decisiones de compra suponen cuando menos que las cosas no les van a ir peor porque sino demorarían las decisiones de compra hasta que no pudieran hacerlo por más tiempo o hasta que su percepción del futuro cambie.

Claro que esto también funciona de forma negativa, si pensamos que las cosas van a ir a peor, de entrada reduciremos en lo posible los riesgos, descartando oportunidades que en otras circunstancias asumiríamos.

Lo curioso de la confianza y de las expectativas es que estas simples percepciones individuales, de forma colectiva hacen que la dirección de la economía se oriente en una u otra dirección; es decir, que si todos (una mayoría) piensa que las cosas van a ir mejor, asumirán decisiones de compra e inversión que harán que las cosas vayan mejor … para todos; lo que a su vez hará que más gente piense que las cosas van a ir bien y las cosas vayan mejor.

Pero si por el contrario hay una parte significativa de la población que piensa que las cosas van a ir peor … precisamente su actitud remisa a la inversión, al gasto y a la iniciativa, hace que efectivamente las cosas vayan peor.

Claro que si nos volvemos todos “locos” y pensamos que las cosas van a ir mejor de lo que “pueden” ir … resulta que tendremos los cimientos de una burbuja y del mismo modo si nos sumimos colectivamente en el pesimismo, tendremos las condiciones necesarias para una recesión.

¡Crédito!, esto es lo que necesitamos, ¡Crédito! Pero no el que dan los bancos, no: crédito de que “nos creamos” que las cosas van a ir mejor, que “creamos” en nosotros mismos, en nuestras posibilidades en nuestras capacidades. Crédito no es más que confianza (del lat. credere, que significa literalmente creer), que creamos en el otro, en el mercado, en los clientes, en los proveedores, en el futuro.

Y crédito de las instituciones, de los gobernantes, de la justicia. Que sobre todas las demás cosas deben darnos confianza, “creencia” en su robustez y en la nuestra.

Si además los bancos también se lo “creen”, mucho mejor, pero primero tenemos que creer en nosotros mismos. Y lo haremos con los bancos … o sin ellos, con los gobernantes o sin ellos.

Tengo muchas más esperanzas (de hecho tengo todas mis esperanzas) en que esta crisis se resolverá desde abajo y no desde arriba; desde lo pequeño y no desde lo grande; más que “por ellos”, a “pesar de ellos”. De los políticos solo espero que no lo hagan más difícil, no espero que lo resuelvan, ni siquiera que ayuden; solo espero que no lo entorpezcan.

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