jeroglíficos

Decía un viejo proverbio árabe que “Quien no comprende una mirada, tampoco  podrá entender una larga explicación”. 

Últimamente, y sobre todo, gracias a la proliferación de manuales de técnicas de comunicación y ventas, series de televisión,  y artículos… a muy pocos les sorprende el hecho de que un cuerpo, pueda ser un libro abierto para el que sabe mirar.

Pero, ¿qué es la comunicación no verbal y desde cuándo se conoce?

Es el conjunto de gestos, miradas posturas, , movimientos, distancias… que adopta nuestro cuerpo, de manera consciente  o inconsciente ,y acompañando, contradiciendo o sustituyendo nuestras palabras.

Aunque podemos encontrar numerosas referencias sobre el lenguaje corporal y lo que esconde tras de sí en autores tan dispares como Erasmo de Rotterdan, Cicerón, Cervantes o Eurípides,  hasta comienzos del siglo XX, prácticamente, no se hicieron serios intentos de abordar el tema de manera científica, exceptuando algunos comentarios como es el caso  de Charles Darwin, en 1872, en su libro “ La expresión de las emociones en el hombre y los animales”.

A partir de la década de 1950, autores  como Paul Ekman, Ray L.Birdwhistell, Albert E Scheflen…consiguen abordar el tema de manera más rigurosa y sistemática,  llegando a afirmar que el componente no verbal en un acto comunicativo (posturas, gestos, distancia, velocidad….), cara a cara, es aproximadamente de un 60%-70% .

Cuando se comienza a estudiar el lenguaje corporal, es muy fácil caer en la trampa de  malinterpretar aquello que se está percibiendo si no se tienen en cuenta una serie de factores importantes:

  • Hay que leer los gestos de manera global y no de manera aislada. Taparse la boca cuando se está hablando, por ejemplo, puede indicar tanto mentira como  complejo porque nos han puesto brakets .
  • Los gestos deben analizarse dentro de un contexto: cuando viajamos en el autobús, o entramos en un ascensor, la mayoría adoptamos una pose seria, y eso no es indicativo de que todos tengamos mal día, sino de que se están invadiendo espacios  personales  y cuanto más neutra sea nuestra postura, menos posibilidades de malentendidos habrá.
  • Debe existir una sincronía, una coherencia entre mensaje y manera de emitirlo. Cuando hay una distorsión entre lo que se dice y el lenguaje corporal, la mayoría de las veces hacemos caso al cuerpo, es lo que muchos denominan “intuición”…
  • Es conveniente tener en cuenta una norma de referencia  para cada individuo, que comprenda sus gestos habituales.

Hoy en día,  se siguen estableciendo  debates en torno a si la utilización de estos gestos es inntata o aprendida, y se ha llegado a la conclusión de que las señales básicas comunicativas son muy parecidas en todo el mundo (sonreímos si nos sentimos bien,exponemos las palmas de las manos cuando mostramos sinceridad o que no escondemos alma alguna, nos encogemos de hombros cuando no entendemos…). De la misma manera, como apunta Allan Peasse,un mismo gesto puede significar conceptos totalmente dispares en diferentes países: el signo que utilizamos para decir OK, en Japón, se utiliza para designar dinero, en Bélgica, cero, y en Turquía puede ser un insulto sexual.

¿Tiene realmente tanta influencia conocer el lenguaje corporal?

El poder de la comunicación no verbal quedó patente en septiembre de 1950, cuando  un mismo acontecimiento obtuvo diferentes resultados según fue seguido por  televisión o por radio: el  debate entre Kennedy y Nixon por la presidencia de Estados Unidos. El hecho de que Kennedy se sentara con las piernas cómodamente cruzadas, mantuviera contacto visual con su adversario, eligiera un traje oscuro y luciera un aspecto sano y bronceado le proporcionó una ayuda extra para ganar las elecciones ante un  convaleciente y un tanto demacrado de Nixon, de mirada nerviosa y postura tensa, que obtuvo mejores resultados entre aquéllos que sólo lo oyeron.

Desde entonces, los políticos son especialmente conscientes del poder de persuasión de su imagen corporal: exponen las manos cuando quieren demostrar sinceridad, se colocan en el lado izquierdo de la foto y saludan con firmeza para aparentar más poder, e incluso señalan falsamente a algún conocido entre el público creando la ilusión de cercanía y apoyo.

Pero el buen uso del lenguaje del cuerpo no es algo únicamente exclusivo de esta profesión, ni tiene como fin manipular o conseguir adeptos, sino que puede suponer una gran diferencia en la calidad de nuestras relaciones del día a día. Un docente, por ejemplo, podría captar mejor la atención de sus alumnos,  jugando con las distancias y los cambios de voz;  un encargado de unos grandes almacenes, podría dar mayor firmeza a sus palabras sin resultar invasivo, combinando postura,  disposición de manos y mirada; un terapeuta podria constatar, más rápidamente, los temas que inquietan a sus pacientes y con unos sutiles movimientos entorno a su cuerpo, generar un clima de confianza y apertura; una persona tímida podría aparentar  mayor  seguridad separando los codos del cuerpo y mirando al entrecejo de su interlocutor…

La mayoría de los gestos que adoptamos, los producimos de manera inconsciente. Cuando estamos inmersos en un ritual de seducción, por ejemplo, no nos paramos a pensar en si enseñamos o no la cara interna del brazo, o si entreabrimos los labios, o si proyectamos la pelvis… nos dejamos fluir y nuestras intenciones y nuestro cuerpo comienzan un baile propio y personal. Pero,  como señala la eutonista Frida Kaplan, movimientos automáticos provocan también comportamientos automáticos. Por lo que, sobre todo, a aquellos que tienen problemas a la hora de hacerse entender, o de establecer relaciones sociales…les beneficiaría una revisión de su lenguaje corporal para detectar y mantener aquellos movimientos que le ayudan a empatizar y abrirse a los demás, y modificar aquellos que le limitan.

Como decía Einstein, “la mente que se abre a una nueva idea, jamás vuelve a su tamaño original”,y en el caso del estudio del lenguaje corporal, ocurre algo parecido: quien aprende a mirar y mirarse con otros ojos, con mayor consciencia, vive de manera más real y presente, y cada encuentro que establece, alcanza una dimensión más natural y humana.

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