crisis

En nuestro programa CCT, suelo decir a mis alumnos que, si realmente quieren desarrollar su potencial, crecer personal y profesionalmente y ser la mejor versión de sí mismos, deberán atreverse a salir de su «inconfortable zona de confort», tarea verdaderamente ardua, si tenemos en cuenta que nuestra cultura  y nuestra naturaleza humana nos hacen buscar en todo momento la seguridad, la estabilidad, el echar raíces…

Es puro instinto de supervivencia: procuramos evitar las amenazas que puedan atentar contra nuestra existencia. Y por esta razón, buscamos siempre acercarnos al placer, y alejarnos del displacer.

Ese instinto de supervivencia se traslada a la cultura, por lo que de manera inconsciente, estamos buscando en todo momento, permanecer dentro de algo llamadonuestra zona de confort“. Esto implica que busquemos la comodidad, y evitemos la fatiga de hacer cosas nuevas o vivir experiencias desconocidas.

La zona de confort, es nuestra zona de lo conocido, que delinean unos límites que nos impiden avanzar.

Imagino que ahora mismo muchos de vosotros estaréis pensando que eso es algo deseable, que una vida tranquila, sin sobresaltos, estable y segura es lo que la mayoría de las personas vamos buscando. Es cierto, es absolutamente respetable y comprensible ese argumento.

El problema viene cuando, por circunstancias externas, necesitamos adaptarnos a grandes cambios, y es entonces cuando sentimos que el mundo se nos viene encima, no sabemos cómo gestionar esos cambios, y nos angustiamos, nos estresamos, nos enfadamos, nos peleamos (con los demás y con nosotros mismos) y nos convertimos en seres infelices e ineficientes.

Es por eso que siempre propongo ejercitar la innovación, hacer cosas nuevas, romper esquemas, cambiar paradigmas, atreverse a pensar diferente, a pensar más allá de lo que lo hemos hecho hasta ahora…

Si entrenamos eso en un entorno mas o menos seguro, estaremos preparados, para afrontar con mucha más agilidad y fortaleza situaciones críticas, si en algún momento se nos presentan.

Pero claro, cuando todo está bien, cuando todo está tranquilo, nadie se acuerda que la vida es una montaña rusa, en la que a veces estás subiendo, y otras bajas a una velocidad de vértigo, y es entonces cuando nuestros miedos a perder lo que poseemos se apoderan de nosotros y nos paralizan. Y al paralizarnos, nuestros cerebros se atrofian, nuestra capacidad creativa se adormece, y nuestras habilidades se debilitan.

Llevamos ya más de cuatro años en situación de crisis socio-económica en España, lo cual, desde mi punto de vista, es tanto una verdadera desgracia como una gran bendición.

Es una desgracia porque no deberíamos haber llegado a esto, porque hay ya demasiadas familias que se quedan sin techo, sin trabajo y muchos, incluso sin la posibilidad de cubrir sus necesidades más básicas.

Pero también es una bendición porque nos ha obligado a despertar, a buscar alternativas absolutamente diferentes, a desarrolla nuestra creatividad y nuestra capacidad de innovar.

Si lo sabemos aprovechar, aprenderemos muchísimo de esta situación, la clave está en mantenernos despiertos y seguir remando con la misma intensidad cuando las aguas vuelvan a su cauce.

Somos hijos del rigor, parece que necesitamos escarmientos. Es hora de demostrarnos (cada uno a sí mismo) que esta vez sí hemos aprendido… ¿o no?

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