Es famosa la anécdota de la orquesta del Titanic que cuando el barco se estaba hundiendo y todo el mundo corría a las barcas o directamente a tirarse por la borda … ellos siguieron tocando como si no pasara nada en medio del caos y el naufragio. Por supuesto murieron todos ahogados.

Posiblemente nos haga cierta gracia lo de la orquesta del Titanic, pero ¿no hacemos algunas veces nosotros lo mismo? : seguimos “tocando el violín” aunque veamos que todo a nuestro alrededor se mueve, retumba, se desmorona o se hunde. De hecho el “mundo” a nuestro alrededor siempre se mueve; normalmente poco a poco, pero siempre se mueve.

Puestos a las malas, es mejor hacer algo, lo que sea, pero algo. Intentar algo. Es posible que se equivoque, pero por lo menos lo habrá intentado. Lo otro (seguir “tocando el violín”) está gracioso cuando le pasa a otros, pero cuando le pasa a uno es muy triste.

Y no digo que se vuelva Vd. loco y toque a rebato, cierre posiciones y se atrinchere en su pequeña fortaleza. No, no es eso lo que quiero decir. Lo que quiero decir, es que no tome la estúpida decisión de “no hacer nada”. O peor todavía, lamentar la pérdida de las cosas pasadas: esto no es lo que era, aquello era otra cosa, o la muy castiza de: “Esto ha sido así de toda la vida de Dios”.

Decidir no hacer nada es posiblemente la peor de las decisiones porque es tanto como asumir que iremos donde “el destino” nos lleve. El “destino” suelen ser las consecuencias de las decisiones de los que han decidido hacer algo …

Cuando se deciden los cimientos de un edificio hay dos grandes opciones: hacer un sistema de fijación lo más estable y robusto anclado al suelo lo más sólidamente que se pueda. La otra opción es exactamente la contraria: hacer un sistema de fijación que “flote” en el suelo con una amplia superficie para que las cargas se distribuyan y no se hunda por un sitio más que por otros y articulado de forma que pueda adaptarse a los movimientos del terreno. (Si tienen un amigo arquitecto seguro que se lo puede explicar mucho mejor.)

Posiblemente le sorprenda pero así es. Y posiblemente tenga claro que unos cimientos tienen que ser sólidos y por tanto no queremos que nada “flote”. No esté tan seguro, de hecho, en aquellas áreas con suelos poco “resistentes” como los de arcillas expansivas (para entendernos, los que se contraen o expanden cuando hay lluvias) o en las zonas donde hay terremotos, yo preferiría uno que “flote”. Y no solo para un edificio en una zona de estas características, sino para una empresa o cualquier organización para que pueda adaptarse a las circunstancias del “suelo” e incluso cuando éste se mueva, pueda adaptarse y deformarse, sí, pero no romperse ni venirse abajo.

Porque las cosas cambian, y lo que damos por absolutamente sólido e inamovible (el suelo por ejemplo) puede moverse, de hecho se mueve aunque no lo veamos. Por eso, no dé por supuesto que algo no cambiará y adopte una estrategia adaptativa que le permita con poco esfuerzo adaptarse a las nuevas condiciones y continuar … a flote y navegando.

En Sapiens&Co pensamos que pase lo que pase lo que no podemos hacer es quedarnos parados y usar la mejor ventaja de las pequeñas frente a las grandes, la flexibilidad y velocidad de adaptación.

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