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Estos días de ciderta calma y reflexión por casualidad he visto en una reseña de Warren Buffet (ya saben uno de mis personajes favoritos) una cita suya que me ha llamado mucho la atención:
“Cuanta menos prudencia actuén los demás, con más prudencia tenemos que actuar nosotros”. Warren Buffet
Y me ha llamado la atención por varios motivos, en primer lugar por lo que dice, y en segundo lugar por el complementario de lo que dice. Me explico: la frase para mi modo de ver tiene dos lecturas: tenemos que preocuparnos cuando el resto de la gente no es prudente, y tanto más cuanto menos prudencia veamos en el comportamiento de los demás; pero también, que tenemos que ser agresivos cuando el resto de la gente está aterrada o paralizada. Es decir, que cuanto más prudentes sean los demás, más arriesgados deberíamos ser nosotros.
Buscando he encontrado algunas citas de Warren Buffet en la misma línea:
«Sea temeroso cuando otros son codiciosos, y sólo codicioso cuando otros son temerosos.»
«Tendemos a adoptar una actitud precavida cuando los demás están eufóricos y, al contrario, pasamos a ser más optimistas cuando los demás empiezan a tener miedo.»

Nos guste o no nos guste cuando formamos parte de un grupo (y lo formamos normalmente) el comportamiento humano no se distingue mucho del de las ovejas en rebaño. Lo cual por otro lado no es ni bueno ni malo, simplemente es así. La psicología lo estudia y se denomina comportamiento gregario, pero el tratamiento científico es lo de menos (salvo para los que se dedican a estudiarlo claro). Lo realmente importante es que se produce para bien o para mal y puede utilizarse, y se puede utilizar y se utiliza, tanto desde el marketing, como la publicidad, la política, la comunicación, etc, etc.  Es decir, y seguro que no nos gusta (también esto es irrelevante): somos manipulables, conducibles, controlables cuando estamos o vamos en grupo, es decir … casi siempre. Y en términos y aspectos económicos posiblemente más.

Hay cosas que no podemos cambiar, y esta es una, pero sí podemos ser conscientes de ello y para defendernos podemos intentar limitar el efecto, acercarnos al «borde» del grupo para tener la posibilidad de permanecer en el grupo o directamente abandonarlo. Otra opción es «abandonarse» al grupo o simplemente ignorarlo y actuar como si no formaramos parte de él. Estas dos opciones tienen dos ventajas importantes: son más simples y por tanto requieren pensar menos, y por tanto permiten ser más «felices» en el sentido de la felicidad de la inconsciencia, pero felicidad al fin y al cabo.

Como ocurre muchas veces, cuando se toma algo de distancia es posible ver las cosas con perspectiva lo que ayuda a entenderlas. Y esto pasa cuando nos separamos del grupo (rebaño o multitud) y lo miramos como un todo desde una distancia prudencial. Y cuando lo hacemos, podemos analizar qué hace que la mayoría («la masa», «el mercado», «la sociedad» …) se mueva como lo hace y descubrimos para nuestra perplejidad que lejos de haber racionalidad lo que hay normalmente es irracionalidad: bien sea moda, emulación o a veces pánico.

Cuando estamos en el medio del rebaño, la realidad es que aunque queramos no es posible pensar, porque no tenemos perspectiva (información) y porque no tenemos «tiempo» … solo podemos correr para no caer al suelo y ser aplastados.  Luego de entrada, la primera recomendación es intentar buscar un punto elevado o protegido, o en su defecto el «borde» de la masa para poder tener alguna opción más que la de simplemente correr en la dirección que adopte la masa.

Y en segundo lugar, y suponiendo que tenemos la oportunidad en forma de información y de posibilidad, intentar anticiparnos a los movimientos de la masa, con dos objetivos: no ser aplastados y si somos lo suficientemente lúcidos, detectar y aprovechar las oportunidades.

Por supuesto esto no es aplicable solo a la economía, pero dentro de la economía nos da algunas oportunidades y claves cruciales como evitar estar en el medio de la «masa»: Buscar los bordes o posiciones con «posibilidades alternativas» o dicho de otro modo, para elegir es necesario tener alternativas; no se puede elegir cuando no hay alternativas.

Y una vez en condiciones de poder elegir, es cuando es útil el consejo de Buffet: jugar a la contra. Ser temerosos cuando la masa es arriesgada, y arriesgados cuando la masa es temerosa; es decir: jugar a la contra, que no es lo mismo que «ir en contra»

Ir en contra es «enfrentarnos» a la masa, es el mayor y más estúpido de los errores. No, no es eso, jugar a la contra es hacer algo diferente aprovechando que la mayoría toma una determinada dirección. Es decir, aprovechar el movimiento en masa de la mayoría, para hacer algo diferente y beneficioso. Por eso hay que elegir bien la posición y el momento e intentar anticiparse.

En términos futbolísticos es «aguantar» en campo propio para pasar al ataque de forma rápida e inesperada (por parte del contrario). En términos bursátiles es lo que hacen los «osos» (bears) frente a lo que hacen los «toros» (bulls), en términos deportivos es permanecer atentos para elegir el momento del «ataque». En cualquier caso, implica mantener la calma, ser pacientes y cuando llegue el momento, ser decididos, arriesgados e inesperados; el factor sorpresa es crucial.

Y de la misma manera que hace unos años TODOS estaban eufóricos por comprar e «invertir» y la tabla de salvación fue para unos pocos la prudencia y la mesura, ahora, en estos tiempos de desánimo y pesimismo, es el tiempo de invertir y comprar.

Hace años, un conocido, mayor, perro viejo de más de dos y tres crisis me explicó de manera muy simple según su forma de verlo el secreto del mercado inmobiliario. Decía:  «Es muy sencillo, hay que tener dinero cuando todo el mundo tiene pisos y tener pisos cuando todo el mundo tiene dinero»

Pues eso, … «es muy sencillo» … solo hay que «hacerlo» …

Salud y buena suerte.

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