Esta es ya la cuarta entrega de este tema, aunque podrían ser indefinidas, me propongo que sea la última … de momento, porque no podría escribir de otros temas que me interesan y me motivan más, y posiblemente no solo a mi sino que espero a alguien más … Da lo mismo un artículo que cien sobre este tema, al final la conclusión es la misma, los banqueros y en su nombre los bancarios como “mercaderes” de deuda intentan enredarnos y confundirnos en una intrincada red de palabras que no significan lo que dicen, ni dicen lo que significan con el único objetivo de conseguir nuestro dinero o nuestro compromiso de pagarles por prestarnos el dinero de otros, que no de ellos. Afortunadamente como en todo, también en esto hay excepciones y gente honesta.

El término deuda estructurada ha tenido cierto protagonismo en los pasados años en el ámbito de la llamada crisis de las hipotecas subprime o hipotecas “basura”. Sobre esto se ha escrito largo y mucho (Leopoldo Abadía entre otros con su famosa crisis NINJA). No obstante la denominación “deuda estructurada” suena bien, en cualquier caso mucho mejor que deuda “desestructurada” que suena fatal. Pero lejos de querer decir eso, lo que significa es que “alguien” (algún banco de inversiones español, americano, británico, etc.) con todas las deudas que había colocado a sus clientes, como obviamente todas ellas no eran de igual “calidad” (iguales garantías de pago o colaterales …) para poder “vender” esa deuda en los mercados a “inversores” lo que hacía era trocearlas y mezclar las de más calidad con las de menos, y una vez mezcladas volverlas a trocear en nuevos fondos de “inversión” y por supuesto dotarlas de denominaciones atractivas para que “inversores internacionales” las compraran …

Lo voy a traducir porque seguro que más de uno se ha perdido. Digo, que con todas las hipotecas que habían dado a gente con escasa (ninguna) garantía de que pudieran pagar, las mezclaban con hipotecas de gente que sí que seguramente podría pagar o que tenía “respaldo”. Esto es lo que se conoce como deuda estructurada, es decir, un “revoltijo” de todo un poco (más de lo malo que de lo bueno) donde al final no se sabe qué es lo que es realmente. Algo así como las croquetas de un buffet libre … después de un puente … pero sin llamarlas cocretas de sobras, sino “deconstrucción de guisos varios (deconstruidos a su vez) al aroma del romero y sobre cama de tubérculos de la campiña escaldados en aceite”. Es decir, croquetas de sobras con patatas fritas de toda la vida. Por supuesto el nombre de los fondos tenía que ser sofisticado, algo como “Fondo de inversión en activos financieros garantizados de alto rendimiento”, o “Fondo estructurado de inversión de alto apalancamiento”, o similares.

Y la “deconstrucción” se le ofrecían a “gente” e “instituciones” para que “invirtiera”. Bueno, esto dicho así suena como muy lejano … como decir que “se perdían” en “los mercados”. Y no no era así (no ES y sigue siendo así).

Lo que sucedía es que a bancos comerciales (los bancos y cajas de ahorros de toda la vida) de Estados Unidos, Francia, Alemania, Inglaterra … y por supuesto España… le llegaban estos “productos financieros” con pingües comisiones … que por supuesto vendían sin demasiados reparos (sin ningún reparo) a sus “mejores” clientes (a los que tenían pasta calentita) Y aquí tenemos “al de la caja”, a nuestro “conocido” en el banco … colocándole estos “magníficos productos” a los abuelitos, a los pensionistas, a los que tenían algo ahorrado, a los que tenían unos ahorrillos para los nietos o los hijos o el futuro …

Y sin mucho cargo de conciencia, porque para empezar no tenían ni idea de qué eran realmente (croquetas de sobras), seguro que la mayoría, pero “cumplían sus objetivos”, y con un poco de esfuerzo cobraban la prima por vender una determinada cantidad de “croquetas de sobras” Incluso es dudoso que los dirigentes de algunas instituciones supieran que esto se estaba produciendo. Tan era así que durante bastante tiempo, ningún banco prestaba a nadie (ni a sus clientes ni a otros bancos) porque ninguno tenía idea de cuanta “porquería”(en términos de Leopoldo Abadía) tenía, ni por supuesto cuánta “porquería” tenían los demás. Solo estaba claro que había un gigantesco montón de “porquería” (deudas basura que nunca se iban a cobrar y que se iban a perder) y gracias a la ·”estructuración de la deuda”, nadie sabía realmente qué eran los famosos fondos, cuáles sí, cuáles no …Hasta que empezaron a caer bancos como las fichas del dominó … y muchos se enteraron de lo que había pasado. Pero eso ya lo sabemos todos por la prensa, alguna película (inside job, o margin call, que recomiendo para el que no las haya visto) y tertulias y tertulianos miles.

Todavía hoy hay gente que siguen sin enterarse … y viven felices. Incluso algunos son tertulianos o escriben.

Otros por desgracia no tanto, porque se han quedado sin nada en un juego “envenenado” donde “alguien” no les debería haber permitido participar. Pero cuando íbamos (vamos) a un banco, qué queremos ¿ que nos den el préstamo o que no ?, y el bancario y el propio banco, ¿quieren darlo o no? La respuesta es que a veces no deberíamos querer que nos lo concedan, ni siquiera pedirla, porque a veces los bancos dicen que sí cuando deberían decir que no. Y no lo hacen por nosotros, lo hacen por sus propios “objetivos” o intereses a corto plazo: alcanzar cuotas de mercado, “crecer”, “expandirse” … y seguro cobrar los “variables” o comisiones sin hacerse más preguntas.

One Reply to “El lenguaje de los bancos: ¿qué dicen y qué no quieren decir? (y IV … de momento)”
  1. Algo si es cierto… los bancos nunca pierden… saludos y éxitos…

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