De un tiempo a esta parte las finanzas, los financieros o los que nos dedicamos a hacer números hemos pasado, de ser una especie de magos de élite con conocimientos ocultos, a convertirnos en una casta de truhanes, bribones y trileros de feria, culpables de buena parte de la actual crisis económica.

Obviamente, nada de esto era verdad o, por lo menos, para la mayoría de los financieros de calle (que no de despacho de 70 m2) pero, igualmente, todos deberíamos hacer examen de conciencia personal para ver en qué medida ha contribuido cada uno a que tengamos esta mala fama.

 Quizás uno de los artificios que ha ayudado a complicar todo esto ha sido el lenguaje financiero o, si se prefiere, el mal uso del lenguaje que se hace en el mundillo financiero. El sentimiento generalizado es que los financieros hablamos raro, con términos complejos y que solo entienden los que forman parte de esta suerte de tecnicismos enredosos para decir cosas que, en el fondo, son realmente sencillas. Más aún, tanto economistas de renombre como aprendices de financieros usaban y usan palabras sin saber muy bien de qué hablaban, tan solo prestando atención a las combinaciones que les hacen parecer más coherentes y más importantes.

Lamentablemente la realidad es mucho más simple. En finanzas, como en otros muchos ámbitos, todo se puede y se debe explicar con palabras sencillas, que entienda cualquier profano con el uso del sentido común. Las preguntas básicas son: ¿cuánto cuesta?, ¿cómo se paga?, ¿cuándo se vende?, ¿a qué precio?, ¿cómo se cobra?, ¿quién presta?, ¿a quién se le debe?, y cosas así de claras y concisas…

Por tanto, tanto si eres financiero como si eres empresario o empleado del hogar, la recomendación en el tema del dinero es sencilla: no te líes, no te compliques y entiende cómo funciona tu caja de zapatos.

  • No te líes, no te dejes liar por terceros y no líes con un complejísimo plan económico-financiero cuando las finanzas son una cuestión de preguntas sencillas y la herramienta fundamental que han de usar los financieros y no financieros es el sentido común.
  • No te compliques, comprando lo que no puedes pagar, endeudándote como si fueras rico sin serlo y excediéndote en tus inversiones, gastos y caprichos innecesarios y que no producen ningún valor (cuando valor=ingresos).
  • Y entiende cómo funciona tu caja de zapatos, sí, un negocio, una familia, una gran empresa, todo funciona como una caja de zapatos en la que entra dinero, queda dinero (o debe quedar) y sale dinero. Entra de las ventas y préstamos. Sale de los gastos, inversiones y pago de las deudas. Y el objetivo siempre es el mismo: que lo que entra más lo que hay menos lo que sale sea siempre y en todo momento una cantidad positiva.

Si esto no pasa… revisa qué falla y corrígelo. Si ves que no puedes solo, aquí nos tienes para ayudarte en lo que necesites.

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