En este fin de año que estamos ya a tiro de piedra de finiquitar, no sé ustedes pero yo no puedo tener la sensación de verme corriendo sin parar no sé muy bien por qué, no tengo claro hacia dónde y cada vez me pregunto con más insitencia ¿para qué?

Y no me refiero al vértigo anual de las compras, las navidades, la orgía de consumo, que no es que me incomode, lo que me fastidia es su obligatoriedad. No, no me refiero a lo de todos los años, me refiero al extra que este año en particular y con las excepcionales circunstancias que han coincidido parece que han agravado más si cabe lo que ya de por sí era vertiginoso.

Me refiero por ejemplo a la situación política con un gobierno elegido pero aún no ejerciente, con otro gobierno no ejerciente en situación de traspaso, a una crisis institucional, crediticia y monetaria como no se recordaba, en el caso de Andalucía con un unas elecciones en ciernes que generan en igual medida dosis de optimismo y de alarma, en los dos casos excesivas e injustificadas (creo) y para todos los que directa o indirectamente dependemos de los presupuestos europeos (en definitiva prácticamente todos) que teníamos una fecha límite en el 2013 y que todo apunta a que se adelantará al 2012 casi con total seguridad.

Y en general con una situación político económica que nos hace pensar a todos consciente o inconscientemente que el año que viene no será en absoluto como este que termina, por supuesto nada que ver con los anteriores … y que veremos a ver donde para todo esto y dónde estaremos el próximo año.

Y héte aquí que estamos todos y todas, corriendo como posesos por liquidar los presupuestos antes del 31 de diciembre, entregar los trabajos pendientes, presentar los informes, liquidar los expedientes, facturar lo pendiente, liquidar lo pasado; en definitiva por “llegar” al fin de año con el ánimo de “esperar” qué nos deparará el año próximo.

No conozco a nadie que tenga una idea clara de cuál puede ser su situación económica personal más allá del 31 de diciembre, salvo algún gran banquero o multimillonario, claro está; y éstos tampoco del todo.

Y por supuesto que es lícito y en buena parte comprensible. Y no digo yo que no sea importante, pero, ¿acaso dejará de salir el sol?, ¿acaso la gente dejará de hacer sus vidas: de comprar, de enamorarse, de pelearse, de comer, de respirar?

Sí, claro, está claro que todo está cambiando y que el horizonte está lleno de incertidumbres, por supuesto que sí. Pero, ¿cuando ha dejado de estarlo? Hace menos de 100 años, la incertidumbre consistía en si el país vecino nos invadiría o no, si entraríamos en guerra o no con algún lejano o cercano país, o incluso sin necesitar país contrario, nosotros mismos contra nosotros mismos en guerra cainita y estéril. Hace mucho menos de lo que pensamos, la gente se moría de enfermedades que hoy se curan con un tratamiento conocido y accesible.

Cada vez que tengo la oportunidad digo que tengo mis esperanzas más en que la solución venga de abajo, puesto que no tengo ninguna esperanza de que venga ni de arriba ni de fuera. Por supuesto es mi opinión, pero creo que ni los políticos tienen recetas mágicas (que las digan de una vez si es que las tienen … que es que no …) ni los europeos, (u otros) nos van a regalar nada a cambio de nada. La única opción es que el cambio parta y nazca de nosotros mismos.

Pero para eso tenemos que empezar por cambiar nosotros y dejar primero de quejarnos como plañideras (viejas lloronas de entierro), dejar de echar la culpa a los otros y a lo otro (“las empresas”, “los gobiernos”, los políticos, los bancos, …. las estrellas, …. los planetas ….) y empezar por nosotros mismos y pensar en qué podemos cambiar nosotros de lo nuestro, de lo que depende de nosotros; qué es necesario y qué no lo es, qué es, qué podemos hacer y qué tenemos que dejar de hacer, tenemos que hacer correcciones o por el contrario se precisa cirugía y decisiones más radicales.

Seguro que no podemos cambiar la situación (o sí …), pero lo que creo que es totalmente seguro es que algo podremos hacer. Me niego a creer que no podemos individualmente hacer nada , y estoy totalmente seguro de una sola cosa: si nos limitamos a esperar … seguro que será una mala decisión.

Porque lo que también creo es que la suma de pequeñas decisiones individuales, por un número significativo de gente … se convierten en cambios que realmente cambian la situación.  Y como siempre suceden en los tiempos de cambio, se desechan viejos paradigmas para que puedan surgir otros nuevos, y donde había problemas surgen oportunidades, solo hay que verlas y saberlas aprovechar.

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