Comunicacion

Estoy harta de ver, tanto a nivel personal como profesional, cómo los defectos en la comunicación son los causantes de la mayoría de los problemas entre las personas, fuera y dentro de las organizaciones.

El quiz de la cuestión está en el título de este post, en si cuando hablas transmites mera información o te ocupas en comunicar un mensaje.

Transmitir información…

Transmitir información es centrarte únicamente en el contenido del mensaje, en las palabras que vas a utilizar para decir algo que quieres decir.

Es centrarte en lo que se puede leer, en aquello para lo que no haces falta.

Transmitir información es fácil porque no tiene en cuenta a la persona que tienes delante de ti.

Comunicar un mensaje…

La comunicación sí tiene en cuenta a las personas.

Comunicar un mensaje va más allá de la mera transmisión de información (que lo puede hacer un texto, un mail o un folleto publicitario). Se centra en el receptor del mensaje, en aquel que recibe aquello que quiero transmitir. Cuando comunicas un mensaje te importa, y mucho, lo que tu interlocutor interpreta. De hecho, lo que tu interlocutor interpreta se convierte en lo más importante para ti.

Cuando se comunica un mensaje importa el contenido, por supuesto.. Pero importa aún más la forma en que transmites ese contenido, la modulación de tu voz, cómo conectas con aquellos que te están escuchando y tu comunicación gestual… Porque lo que dices ha de ser coherente con lo que no dices. Si quieres que tu mensjae llegue, tú eres el responsable de tu coherencia comunicativa.

¿Cuántas veces estás diciendo cosas que no te crees? ¿En cuántas ocasiones te aterra hablar en público? ¿Cuántas veces, cuando hablas, estás pensando en tu interlocutor? ¿Te ocupas de que tu mensaje llegue como tú quieres que llegue? Desgraciadamente, la mayoría de estas respuestas a esta última pregunta será «NO».

Coherencia comunicativa…

Establezco la diferencia entre las dos situaciones más comunes en los procesos de comunicación.

Por un lado, existe una diferencia entre comunicar algo a mis amigos y familiares frente a la comunicación en los entornos profesionales. En el primer caso, no solemos tener ningún problema. La confianza hace que, en general, no se tengan en cuenta nuestras formas de comunicarlo. Cierto es que algunos de los problemas familiares más irresolubles parten de un defecto en la comunicación, pero, en general, el que nos conozcan de cerca facilita que no pase nada si no cuidamos el mensaje.

En los entornos profesionales el cuento cambia bastante. Aquí sí se hace totalmente imprescindible atender a nuestras formas. Si nuestro mensaje no está bien fundamentado o su forma de transmitirlo no es la adecuada, con total seguridad nuestro mensaje no estará llegando como nosotros queremos que llegue. Y si somos responsables de un equipo se complicará más la situación y si somos directivos de una organización, los problemas pueden llegar a ser pérdida de la eficacia y, por ende, de la rentabilidad. Ni qué decir tiene que si eres un formador o conferenciante (los hay a quienes estos temas no interesan) te estarás cargando continuamente tu reputación.

Para que nuestro mensaje llegue adecuadamente a los interlocutores, el contenido del mensaje (las palabras que escojamos) y nuestra comunicación no verbal (voz y gestos) han de estar totalmente alineados, han de ser coherentes entre sí.

La otra situación común en la que se producen defectos en la comunicación es cuando debes comunicar algo que no te gusta. Comunicar lo que te gusta o alabar a alguien es fácil. Lo más difícil es comunicar algo que no se ha hecho bien, que te ha molestado, dar una mala noticia o poner un límite. Nos cuesta mucho poner límites porque nos cuesta mucho ponernos en el lugar de la otra persona y actuar en consecuencia. Y no nos damos cuenta de que los límites son necesarios para poder tener una convivencia adecuada. Normalmente, o no ponemos esos límites o nos volvemos demasiado agresivos estableciéndolos. Y establecer límites desde la tranquilidad y con argumentos poderosos es la vía más eficaz para resolver los roces que se producen diariamente en las relaciones interpersonales.

Te propongo que, a partir de ahora, cuando vayas a comunicar algo, pienses en si estás centrando la atención en el contenido del mensaje o en tu interlocutor. Si haces lo primero, seguirás transmitiendo mera información. Si incorporas lo segundo, estarás comenzando a comunicar con eficacia. La decisión es tuya… ¿Qué escoges hacer?

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