En la primera parte de este post hablaba de las diferencias entre gasto e inversión y del papel crucial del calendario de ingresos y cobros asociados a la inversión antes de tomar cualquier tipo de decisión y de la importancia de que éste sea fiable porque en su fiabilidad está el riesgo más importante de cualquier inversión.

Sin embargo. es posible que alguien haya echado en falta la pregunta obvia de ¿cuánto cuesta? Pues no, no es un error, la pregunta de cuánto cuesta según mi criterio va después de la pregunta de qué me reporta y con qué garantías. Y no solo, porque la pregunta “¿cuánto cuesta?” puede llevar a un error fatal que consiste en pensar que el único coste de la inversión es el pago explícito por ella. Por eso la siguiente pregunta no es ¿cuánto cuesta? Sino ¿cuánto me cuesta en total ponerla en marcha?, es decir: ¿Además de la inversión, hay más costes o inversiones asociadas que tenga que hacer hasta pueda ser usada para producción?

Y no, no es lo mismo porque siempre suele haber más costes asociados a la inversión pelada y mondada. Por ejemplo el transporte, la preparación del lugar concreto donde irá ubicada, los servicios e instalaciones auxiliares que sean necesarios y no sólo, sino también el tiempo de operarios que se dedicarán a ponerla en marcha, ajustarla, programarla, prepararla, probarla, etc, etc antes de que entre en producción, homologarla, ajustarla con el resto de inversiones de la empresa, etc, etc.

Por ejemplo si compráramos una máquina de control numérico para la fabricación de piezas en acero o aluminio, por un lado tendríamos la máquina, pero también hay que preparar los cimientos en la nave donde se vaya a colocar, posiblemente con unos amortiguadores, además habrá que hacer sitio para que pueda depositarla en su emplazamiento la grúa y el camión que la transporte (lo que requerirá posiblemente que otras máquinas dejen de funcionar al menos por unos días), luego habrá que nivelarla y ajustarla, hacer todas las conexiones eléctricas (habrá que disponer cuadros, cables de alimentación, canaletas, etc.), posiblemente un sistema de drenaje, alargar la red de aire comprimido si la necesitara (que lo necesitará), habrá que disponer de un sistema de ventilación y control de temperatura; luego tendrá que venir el técnico para comprobarla (otro día o varios de trabajo), luego habrá que programar las primeras piezas y hacer pruebas (otros varios días), realizar ajustes, etc, etc, hasta que se pueda iniciar la producción.

Si además la máquina forma parte de una cadena de forma que hasta que no esté operativa el resto de máquinas y procesos de la empresa (o algunos de ellos) estén parados, habría que tener en cuenta también ese coste, al menos el de los operarios y los costes fijos. Y por cierto, fuera del mero ámbito financiero está el operativo: ¿podemos cumplir con nuestros compromisos de entregas y producción mientras se instala la máquina?

Yo no me sorprendería si al final del proceso descubriéramos que los costes “asociados” a la máquina son superiores a la máquina misma. Así que más vale tenerlos en cuenta desde el principio.

La siguiente pregunta (suponiendo que las dos anteriores han sido solventadas positivamente) es: ¿Puede pagarlo? Es decir, tenemos liquidez o capacidad de endeudamiento para poder afrontar los pagos que supone la inversión, su implantación y su puesta en marcha. Y si así fuera, ¿esto podría poner en riesgo la actividad normal de la empresa en el futuro?

A lo mejor la pregunta ¿puede pagarlo? Habría que reformularla como ¿Podría pagarlo?, es decir, si tenemos en cuenta no solo el dinero que tengamos o la financiación que podamos obtener sino también los ingresos generados por la inversión. Cuidado aquí, porque cuando decimos ingresos generados estamos diciendo ingresos esperados, y aquí el factor clave es la fiabilidad del calendario de ingresos o de las previsiones de ingresos y cobros.

Supongamos que tenemos resueltas todas las cuestiones planteadas hasta ahora y de forma afirmativa. Ojalá las previsiones se cumplan y todo funcione como hemos previsto, pero ¿Y si fallan las previsiones o dejan de ser válidas?, ¿Y si cambia alguna condición o se produce alguna circunstancia excepcional que haga que las previsiones dejen de tener fiabilidad? : ¿Cuánto costaría si cambiara de opinión? o en otras palabras, ¿cuál sería el coste de desinversión?

Seguro que hay alguien pensando… “esto es prácticamente imposible que suceda, además las previsiones se hacen suponiendo que las cosas van a funcionar, no suponiendo que va a suceder un desastre.” Y efectivamente así es, las previsiones se hacen pensando en lo más probable… pero sin olvidar que probable no quiere decir seguro. Siempre hay un margen para el error de cálculo y más vale echarle una pensada antes de tomar una decisión definitiva.

Porque en el caso de inversiones, habrá “pagos” que sean recuperables, pero seguro que habrá muchos otros que no. Por ejemplo, en el ejemplo de la máquina de control numérico de antes: podríamos vender la máquina de segunda mano, incluso convencer al fabricante para que nos la recompre o buscarle otro cliente. Pero toda la obra de cimentación, instalación eléctrica, horas de personal, horas de ajuste, puesta en marcha, programación, pruebas, etc, etc, irán directamente a la basura… y no se podrá recuperar su coste. Además la operación de financiación (préstamo) suponiendo que se pueda cancelar, tendrá un coste que tendremos que tener en cuenta, más las penalizaciones por no realizar las entregas de producción en plazo y algunos más.

El razonamiento que propongo es como cuando se realiza una apuesta (y una inversión lo es siempre), antes de jugar, pensar en lo que se podría ganar, pero pensar también en lo que se podría perder y luego hacer la jugada.

Y una vez llegados al final, justo a punto de tomar una decisión final …. Volvamos de nuevo al principio: ¿Hay alguna otra alternativa a la inversión que estudiamos? Y si existen alternativas a nuestra inversión (siempre las hay): ¿Por qué no es mejor que la inversión que se está pensando?; ¿podría alquilar o hacer un renting?; ¿podría subcontratar ese proceso o esa parte de la producción?; ¿podría poner dos máquinas más pequeñas en lugar de una más grande?; ¿podría conseguir una máquina parecida de segunda mano en buen uso y en mejores condiciones?

Algunas preguntas que pueden ayudar a la hora de analizar alternativas a una inversión son: ¿Cuánta gente lo tiene?; ¿Cuánta gente que lo tiene quiere deshacerse de él?; ¿cuánto es la espera para conseguir uno? Y ¿por qué tardan tanto o tan poco?; ¿hay unidades iguales usadas disponibles?; ¿conocemos a algún usuario que lo tenga?; ¿qué opina después de haber hecho la inversión?

Todas estas preguntas para cada una de las alternativas deben ser estudiadas no solo desde el punto de vista económico sino también operativo (producción), ¿por qué sí es mejor, o por qué no es mejor? Y un consejo en este punto: analicemos las alternativas sin prejuicios. A todos nos gusta más lo nuevo, lo más moderno, lo más barato, etc. Reúnan un equipo de expertos de la propia empresa y de todos los departamentos implicados en la decisión y hagan una lista de las cualidades que debe cumplir la inversión, luego valoren la importancia de cada cualidad en la decisión, y luego valoren de cada alternativa cada una de las cualidades con una escala del 1 al 10 por ejemplo. Cada experto del grupo deberá hacer una valoración independiente y con un poco de paciencia y una hoja de cálculo tendremos un criterio objetivo de comparación.

“Uff … esto es demasiado complicado …, creo que así no voy a invertir nunca.” ERROR: NO invertir es una alternativa de inversión, es la NO inversión, es perder la oportunidad de que suceda lo más probable que es que se cumplan las previsiones y decidir de antemano que vamos a perder… por miedosos. Sea valiente, pero ni inconsciente ni suicida.

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