Cambiar la cultura del fracaso

Este parón inesperado me ha servido para reflexionar sobre la cantidad de veces que «me la he pegado» empresarialmente hablando. Lo cierto es que cada vez veo más necesario un cambio de cultura empresarial respecto al fracaso, más a la americana, donde fracasar significa que estás más curtido y que es más probable que cometas menos errores.

Sin duda, de los errores se aprende, ayudan a conocerse a uno mismo, a detectar nuestras debilidades como empresarios y a aprender sobre lo que no hay que hacer aunque en la teoría parezca una gran idea. Fracasar no es malo en sí mismo si sacas provecho de ello, si evalúas lo que no funcionó y lo cambias, si te sirve para que no vuelvas a cometer estos errores, si mejoras como líder, aprendes a tomar decisiones dolorosas más rápido y te haces más fuerte frente a las dolorosas consecuencias del riesgo empresarial que todo proyecto tiene en cualquier fase en la que esté (no solo se fracasa al inicio).

Por tanto, si fracasaste recientemente… Piensa que hasta los más exitosos fracasan en algún momento (Apple es un ejemplo de ello) y no busques excusas en otras personas, en la crisis económica o en que «la cosa» está muy mal. La culpa probablemente no sea tuya pero la responsabilidad de cambiar las cosas, es completamente tuya. Como líder, la clave está en aprovechar el fracaso para aprender, como decíamos antes, y aplicar algunos consejos (son los que a mí me funcionaron, no los únicos ni los mejores seguramente) para reinventarte lo más rápidamente posible:

1. Olvídate de sentimentalismos y toma decisiones

Sí, es una pena, has palmado pasta, debes dinero, etc, etc, etc. Bienvenido al club, lamentarse no vale de nada y todavía tienes cosas muy valiosas, tu tiempo y capacidades. No las malgastes. Es el momento de demostrar que trabajas bien bajo presión y que eres capaz de tomar decisiones ejecutivas. ¿Puedes cambiar algo para relanzar tu empresa? ¿Conviene más cerrar e ir a otra cosa? ¿A qué cosa? ¿Cuánto va a costar arrancar? ¿De dónde lo vas a sacar? Responde a las preguntas clave, piensa, traza un plan y ponte a ejecutarlo. Cuanto más te lamentes más tardarás en salir del bache.

2. Asegúrate de no dejar «muertos vivientes»

Acota los daños, las deudas y los flecos «vivos» de lo que no funcionó. Tienes que matarlos cuanto antes, del más sencillo al más complicado. Haz una lista de «muertos vivientes» y ve tachando uno a uno lo antes posible asegurándote de no dejarte ningún fleco. Seguramente es más fácil que recuerdes que debes 60000 € al banco que aquella factura «traspapelada» de 500 € de un proveedor. No olvides que en los negocios tu reputación es tu tarjeta de visita y has de resolver lo «pequeño pero importante» cuanto antes. Deja a la menos gente posible cabreada, especialmente si es posible que te la encuentres en tu nuevo camino.

3. Di no a la propiedad y rodéate de gente mejor que tú

Es muy probable que parte de tu fracaso sea fruto de no haber contado con la gente adecuada, complementaria a ti y determinante en el éxito de tu proyecto. Seguramente no podías pagarla y casi con total seguridad tendrás el 100% de algo que no vale nada. Tenemos tendencia a desear encarecidamente la propiedad de las cosas (que se lo digan a los millones de hipotecados de este país) pero, ¿cuánto vale el 100% de nada? Pues eso, busca a las personas adecuadas (intenta evitar familia y superamigos y utiliza un criterio estrictamente profesional), pon en marcha tu capacidad persuasiva (para convencer es bueno que tengas claro qué quieres y a dónde vas antes de marear a la gente y quemar cartuchos) y cede la propiedad de tu nuevo proyecto para conseguir involucrar a profesionales que te complementen y eviten que cometas los mismos errores (no olvides que cuando te reinventas tienes el 100% de una expectativa de éxito, eso tampoco vale mucho así que no seas cabezota).

4. No te endeudes y «siéntate» en la caja

Con deuda sería muy fácil pero ni se te ocurra. Lo máximo recomendable es tener algo de deuda con proveedores pero, por favor, no te endeudes y huye de los bancos. Si te hace falta mucho dinero para lanzar tu proyecto, ese no es el proyecto adecuado en este momento. Si no es mucho, el dinero solo te dará más velocidad así que tendrás que ir más lento (tampoco pasa nada); sentarte en la caja, es decir, gastar lo estrictamente necesario e imprescindible (nada de megaoficinas, nada de viajes y comidas, nada de tarjetas de crédito, gasta en vender y poco más); y buscar enérgicamente fórmulas, productos, servicios, lo que sea, que te sirva para generar ingresos a corto. Agudiza el ingenio, exprime tu creatividad, búscate la vida pero manténte lejos de bancos, cajas y otras fuentes de financiación.

5. Sal a vender en cuanto haya «algo»

Sin clientes no hay empresa. Piensa cómo captar clientes, cuáles son las ventajas de tu producto o servicio, qué les vas a contar para convencer a la gente para que te compre y cómo vas a hacer todo eso de la manera más productiva posible, con el menor gasto y el máximo beneficio. Tienes tarea y has de encontrar el equilibrio. No caigas en la parálisis por el análisis, es decir, en pensar y planificar mucho y hacer poco, tienes que salir a vender cuanto antes. Pero tampoco se te ocurra lanzarte a la calle sin un producto que vender, un servicio que poder prestar cuando lo vendas o una estrategia que no te haga dar palos de ciego y «quemar» tu mercado.

Yo llevo a mis espaldas unos 6 fracasos de los que he aprendido mucho y la gente con la que trabajo, otros tantos. Pese a ello, todos nos hemos reinventado y tenemos una consultora bastante «curiosa» y seguimos inventando cosas… ¿Y tú?

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